Superniño

11.08.2026

Mucho antes de los satélites y los modelos climáticos, los pescadores de las costas de Perú y Ecuador ya habían observado que, algunos años, el océano presentaba un comportamiento inusual. El calentamiento de las aguas frente a sus costas provocaba el desplazamiento de los peces y una disminución de las capturas, fenómeno que solía producirse cerca de Navidad y que, por ello, comenzaron a llamar "El Niño", en referencia al Niño Jesús.

Con el avance de la ciencia se descubrió que aquella alteración local era parte de un fenómeno mucho mayor, capaz de modificar la circulación atmosférica y los patrones de lluvia y temperatura a miles de kilómetros. Hoy, satélites, boyas y estaciones meteorológicas permiten monitorear permanentemente estas variables, mientras los modelos climáticos proyectan su posible evolución. Este conocimiento transforma un fenómeno natural en una oportunidad para anticiparse.

Cuando se detecta la evolución hacia El Niño, la información puede convertirse en decisiones concretas para planificar infraestructura, ejecutar obras, mantener drenajes, inspeccionar puentes y alcantarillas, identificar zonas inundables, reforzar defensas o preparar protocolos de emergencia. Conocer lo que puede ocurrir permite actuar antes de que ocurra.

LA INTENSIFICACION DE UN FENOMENO CONOCIDO

En junio de 2026, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que las condiciones de El Niño estaban desarrollándose y estimó una probabilidad del 80 % de que el fenómeno se consolidara durante el período junio-agosto. Para los meses posteriores, la probabilidad se ubicaba alrededor del 90 % o más. Por su parte, nuestro Servicio Meteorológico Nacional, informó en julio que las condiciones observadas eran consistentes con una fase cálida o El Niño y que los modelos indicaban una probabilidad cercana al 100 % de continuidad de esta fase durante el trimestre julio-agosto-septiembre.

Ya no hablamos solamente de la intensificación de los fenómenos climáticos asociados a El Niño, sino de la posibilidad, respaldada por fundamentos científicos, de alcanzar una intensidad excepcional. De allí surge el término "Superniño", utilizado para dimensionar la magnitud potencial de sus impactos y, sobre todo, para destacar la necesidad de prepararnos.

Según la región, la época del año y la intensidad del episodio, puede provocar precipitaciones superiores a las normales, inundaciones, crecidas de ríos, anegamientos y deslizamientos, con consecuencias sobre la infraestructura y los servicios. En otras regiones, puede generar el efecto contrario, con sequías y déficit hídrico. En América del Sur, y particularmente en algunas zonas de Argentina, el aumento de las precipitaciones y las crecidas constituye un factor de riesgo que requiere especial atención.

LA INGENIERÍA COMO PRIMERA LÍNEA DE DEFENSA

Como sostengo habitualmente, un fenómeno climático no es, por sí mismo, un desastre. El desastre aparece cuando ese evento natural encuentra una sociedad vulnerable. Una lluvia extraordinaria puede convertirse en una inundación catastrófica cuando un cauce está obstruido, una urbanización ocupa zonas inundables se alteraron severamente las condiciones hidrológicas de la cuenca.

Frente a fenómenos extremos, la ingeniería se convierte en una herramienta fundamental de prevención. El proceso comienza con información y mediciones permanentes y continúa con estudios hidrológicos e hidráulicos, análisis de cuencas, evaluación de vulnerabilidades y criterios de diseño acordes con los niveles de riesgo, para finalmente materializarse en obras. El mismo criterio debe aplicarse al mantenimiento. Una infraestructura diseñada para prevenir y proteger pierde capacidad si no se inspecciona y conserva adecuadamente.

La ingeniería permite evaluar el riesgo, establecer niveles de seguridad razonables y definir prioridades. No es lo mismo que una lluvia extraordinaria afecte una calle secundaria que una ruta estratégica, un puente o una estación eléctrica. Conocer el riesgo permite planificar mejor, optimizar los recursos disponibles y orientar las inversiones hacia aquellos puntos donde una intervención puede reducir significativamente el impacto de un evento extremo.

EL VALOR DE LA ANTICIPACIÓN

La primera herramienta de prevención es el conocimiento. Hoy contamos con información y bases científicas que permiten anticipar, con un grado razonable de certeza, la magnitud y las características de los eventos meteorológicos que pueden presentarse. El desafío comienza al transformar ese conocimiento en planificación y soluciones concretas. Allí nos encontramos con una realidad más compleja, marcada muchas veces por la falta de presupuesto, y el déficit de planificación. Reducir nuestra vulnerabilidad requiere políticas sostenidas, obras, mantenimiento y decisiones que deben mantenerse durante varios años.

El segundo aspecto, y quizás el más cercano, es la prevención y el mantenimiento. No siempre se requieren grandes inversiones para reducir significativamente los riesgos. Limpiar un sistema de drenaje antes de la temporada de lluvias cuesta menos que reparar los daños provocados por su colapso. Inspeccionar y reforzar una obra de arte cuesta menos que reconstruirla después de una crecida. Corregir a tiempo un proceso de erosión puede evitar la pérdida de una ruta, una vivienda o una infraestructura de servicios. En todos estos casos, anticiparse resulta técnica y económicamente más conveniente que reparar las consecuencias.

El Niño, el "Superniño" o cualquiera sea la denominación que adoptemos para describir un determinado fenómeno climático seguirá ocurriendo. Lo que sí debe cambiar es nuestra capacidad para prepararnos. La prevención no elimina el riesgo, pero puede transformar sustancialmente su impacto. La información disponible debe servir para revisar la infraestructura existente, actualizar estudios, identificar puntos críticos y fortalecer los sistemas de alerta y emergencia.

Y es allí donde la ingeniería adquiere todo su sentido. Con conocimiento, planificación, inversión y mantenimiento es posible reducir daños, disminuir los costos de reparación y, fundamentalmente, proteger a la sociedad cuando más lo necesita. 

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